Me lastimé las manos intentando cerrar la ventana, abierta por el primer tornado de mi vida, pero cuando logré cerrarla, la habitación ya estaba completamente desordenada, mis papeles de ensayos estaban desparramados por el piso, mojados con el contenido de mi taza rota. (Me hubiera gustado decir té o café, pero en realidad, casi siempre tomo una poco poética chocolatada.)
Pasé años en esa habitación, intentando ordenar las palabras de mis ensayos, lavando los papeles, besando mi taza, lamiendo la chocolatada del suelo, hasta que por fin, un día, quedó hermosa.
Era tan bella mi habitación limpia, que pensé: "qué lindo le quedaría un sonido de pajaritos, un poco de brisa fresca." Entonces, corrí las cortinas y la luz me acarició la cara, sonreí contenta y abrí un poco la ventana.
Un aroma a vida inundó todo lo que había en mi habitación resplandeciente, y como disfruté mucho ese momento decidí bailar al ritmo de una canción cubana. Bailé tanto tiempo esa canción infinita que no me di cuenta como el viento se apoderaba de todo.
Cuando me di cuenta, mis pulmones ya estaban llenos de ese viento de aroma fresco y mi habitación hermosa me preguntaba si la iba a desordenar otra vez. No supe qué responder porque no quería exhalar el aire de mis pulmones, ni soplar fuerte en mi habitación, así que me quedé, aguantando el aire, mientras mi cara cambiaba de color.
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